Aprende · 4 min de lectura

Historia del I Ching

La historia del I Ching según la tradición (Fu Xi, el rey Wen, Confucio) y según los estudios: el núcleo Zhou, las Diez Alas y el manuscrito de Mawangdui.

El I Ching tiene dos historias. Una es la que cuenta la tradición china, con sabios y reyes legendarios. La otra es la que reconstruyen los historiadores a partir de textos antiguos, inscripciones y hallazgos arqueológicos. No se contradicen en todo, pero tampoco son lo mismo, y conviene distinguirlas.

Lo que cuenta la tradición

Según la tradición, el libro tiene cuatro autores, uno por cada capa:

  • Fu Xi, un sabio mítico de los tiempos más remotos, observó el cielo, la tierra, las huellas de los animales y su propio cuerpo, y de ahí trazó los ocho trigramas.
  • El rey Wen, padre del primer rey de la dinastía Zhou, habría combinado los trigramas en 64 hexagramas y escrito el texto de cada uno. Se dice que lo hizo mientras estaba preso por orden del último rey Shang, hacia el siglo XI a. C.
  • El duque de Zhou, su hijo, habría escrito los textos de las seis líneas.
  • Confucio, en los siglos VI y V a. C., habría escrito los comentarios conocidos como las Diez Alas. Una anécdota famosa cuenta que leyó tanto el libro que las correas de cuero que unían sus tablillas de bambú se rompieron tres veces. La relación entre Confucio y el libro tiene su propia entrada: Confucio y el Yijing.

Esta versión le dio al I Ching un prestigio enorme: era obra de los sabios que fundaron la civilización china. Por eso aquí escribimos "la tradición dice" y no "así fue". De Fu Xi, por ejemplo, no hay manera de saber si existió.

Lo que dicen los estudios

Los historiadores ven el libro como una obra en capas, hecha por muchas manos a lo largo de varios siglos.

  • El núcleo, los hexagramas con sus textos y los de cada línea, es el Zhouyi. La mayoría de los especialistas lo sitúa en la dinastía Zhou del Oeste (aproximadamente 1045 a 771 a. C.), y muchos lo fechan hacia el final de ese período. Nació como un manual de adivinación: sus frases hablan de sacrificios, viajes, guerras, matrimonios y cosechas, el mundo de una corte de la Edad del Bronce.
  • Antes, en la dinastía Shang, se adivinaba con fuego: se calentaban huesos y caparazones de tortuga y se leían las grietas. El I Ching usa otro sistema, basado en números obtenidos con tallos de milenrama (lo explicamos en El método de los tallos de milenrama). En huesos y bronces de la época se han hallado series de números que algunos estudiosos leen como antecedentes de los hexagramas.
  • Los comentarios, las Diez Alas, son bastante posteriores. Se escribieron entre el período de los Reinos Combatientes (475 a 221 a. C.) y los comienzos de la dinastía Han. Hoy pocos especialistas creen que Confucio los escribiera, aunque recogen ideas de la escuela que se formó en torno a él.
  • Bajo los Han, en el siglo II a. C., el libro pasó a ser uno de los clásicos oficiales que estudiaban los funcionarios. Desde entonces se le llama 易經, el "Clásico" de los Cambios, y no solo 周易.

Mawangdui: un I Ching escrito en seda

En 1973, en Mawangdui, cerca de Changsha, en la provincia de Hunan, los arqueólogos excavaron las tumbas de una familia noble de la dinastía Han. Una de ellas, cerrada en el año 168 a. C., guardaba textos escritos sobre seda, entre ellos una copia del I Ching. Era entonces la más antigua que se conocía.

El manuscrito trae los mismos 64 hexagramas, pero en un orden distinto de la secuencia del rey Wen, varios nombres escritos con otros caracteres y comentarios que no llegaron a la versión que se transmitió hasta hoy. Mostró que en tiempos de los Han circulaba más de una versión del libro. Hallazgos posteriores, como las tablillas de bambú de los Reinos Combatientes que conserva el Museo de Shanghái, refuerzan esa idea: el texto que leemos es una de las formas que tomó el libro, la que terminó por imponerse.

Dos mil años de lectores

Generación tras generación, los comentaristas leyeron el libro de maneras distintas. Unos buscaron en él números y correspondencias con el cosmos. Otros, como Wang Bi en el siglo III, vieron sobre todo lecciones morales y políticas. En la dinastía Song, Zhu Xi recordó que el libro había nacido para la adivinación y propuso reglas para leer las líneas que cambian que todavía se usan; las verás en Las líneas móviles. En esa misma época vivió Shao Yong, a quien se atribuye el método de la flor de ciruelo.

El viaje a Occidente

Los misioneros jesuitas llevaron noticias del libro a Europa en los siglos XVII y XVIII. El filósofo Leibniz, que trabajaba en la aritmética binaria, se entusiasmó al ver que las líneas enteras y partidas podían leerse como unos y ceros. En el siglo XIX llegaron las primeras traducciones completas a lenguas europeas, y en 1924 la versión alemana de Richard Wilhelm, que pasó al inglés en 1950 con un prólogo del psicólogo Carl Jung. Desde entonces el I Ching se lee en todo el mundo, como texto de sabiduría y como herramienta de reflexión.

Sigue leyendo