El azar en el corazón del método
Cada consulta al I Ching empieza con un acto de azar. Tiras tres monedas seis veces, o divides un manojo de tallos, y el resultado de cada paso da una línea. Tú no eliges el hexagrama: te llega.
Ese azar tiene reglas precisas. Con las monedas, cada línea tiene una probabilidad de 1 en 8 de salir 6, de 3 en 8 de salir 7, de 3 en 8 de salir 8 y de 1 en 8 de salir 9. Con los tallos de milenrama, las probabilidades son otras: el yang viejo sale más a menudo que el yin viejo. Son dos maneras distintas de dejar que el azar decida.
¿Por qué confiarle algo importante al azar? Hay respuestas antiguas y modernas, y vale la pena conocerlas con honestidad.
La respuesta antigua
En la China de los Zhou, la adivinación era una manera de consultar al cielo, a los ancestros o a los espíritus. Se creía que el resultado de los tallos no era casual: expresaba algo que estaba más allá de quien preguntaba. Ese marco religioso es parte de la historia del libro, y muchas personas siguen leyéndolo así.
La idea de Jung: la sincronicidad
En el siglo XX, el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung propuso otra manera de pensarlo. Llamó sincronicidad a las coincidencias que se viven como llenas de sentido aunque no haya una causa que las conecte: piensas en alguien y en ese momento te llama, por ejemplo. Para Jung, el I Ching era un ejemplo de este principio: la tirada y tu situación coinciden en un mismo momento, y esa coincidencia puede tener sentido.
Jung conocía bien el libro. Su amigo Richard Wilhelm lo había traducido al alemán en 1924, y cuando esa traducción se publicó en inglés en 1950, en versión de Cary F. Baynes, Jung escribió el prólogo. En él contaba sus propias consultas y defendía tomarse en serio la experiencia. Esa edición tuvo una enorme influencia en Occidente, y la palabra sincronicidad quedó unida al I Ching desde entonces.
Una mirada honesta
Conviene decirlo claro: no hay evidencia científica de que tu pregunta influya en cómo caen las monedas, ni de que el I Ching pueda predecir el futuro. La sincronicidad es una idea sugerente, pero no está demostrada.
Entonces, ¿por qué tanta gente encuentra sentido en sus lecturas? Hay razones muy humanas:
- El sentido lo pones tú. Cuando lees un texto con tu situación en mente, conectas lo que dice con lo que vives. Esa conexión es real, aunque la haga tu mente y no las monedas.
- El azar rompe tus hábitos. Si eliges tú, eliges lo que ya pensabas. El azar te pone delante una imagen que no buscaste, y eso te obliga a mirar desde otro ángulo.
- Los textos son ricos. Los 64 hexagramas hablan de situaciones humanas básicas: empezar, esperar, perder, crecer, unirse, separarse. Casi siempre hay algo que resuena.
- Preguntar ya ayuda. Formular bien una pregunta te obliga a ver qué te importa de verdad.
Nada de esto vuelve la consulta inútil. Es parecido a una conversación con alguien sabio que te hace una pregunta inesperada: no sabe tu futuro, pero te ayuda a pensar. Puedes creer en la sincronicidad o no creer en ella, y en los dos casos el libro puede servirte.
El azar en Cambios
En Cambios puedes elegir de dónde viene el azar de tu tirada. Ninguna fuente es "más verdadera" que otra: todas dan resultados con las mismas probabilidades que las monedas reales. La diferencia está en cómo se siente el gesto.
- Un generador aleatorio seguro, el que trae tu dispositivo. Es la opción por defecto.
- Los sensores del dispositivo, como el movimiento del teléfono en tu mano.
- Una semilla tomada de tu pregunta, junto con el momento en que la haces.
- Números aleatorios cuánticos, opcionales, de un servicio en línea que solo devuelve números al azar.
- Monedas simuladas con física, que ruedan y caen como monedas de verdad.
Las fuentes que no son el generador seguro se combinan con él, así que ninguna es menos aleatoria. Elige la que te ayude a sentir que la tirada es un acto tuyo. Y para sacarle provecho a lo que salga, lee Cómo usar bien el I Ching.