La idea
Carl Gustav Jung, el psiquiatra suizo, llamó sincronicidad a la coincidencia significativa: dos hechos que no se causan el uno al otro, pero que para quien los vive están unidos por su sentido. Usó la palabra en público en 1930, en el discurso en memoria de Richard Wilhelm, el traductor del I Ching al alemán, y la desarrolló en un ensayo de 1952 escrito en diálogo con el físico Wolfgang Pauli.
El I Ching y Jung
Jung consultó el libro durante décadas. En el prólogo que escribió para la traducción inglesa de 1950 propuso que la caída de las monedas y el estado de quien pregunta coinciden en el mismo momento, y que el texto que sale puede tener sentido por esa coincidencia, no por una causa. Ese prólogo hizo que muchos lectores occidentales se tomaran el libro en serio, y la idea sigue siendo una de las formas más comunes de explicar por qué una lectura «acierta».
Lo que no está probado
La sincronicidad no es un hecho científico. Ningún experimento ha mostrado que las monedas reflejen el estado de quien pregunta. La psicología tiene otras explicaciones para la sensación de acierto: tendemos a ver patrones, los textos abiertos encajan con muchas situaciones y el simple acto de pensar con calma en una pregunta ya aclara mucho.
Cómo usarlo
No necesitas creer en la sincronicidad para que el I Ching te sirva. Puedes tomarlo como un espejo: un texto antiguo, elegido al azar, que te obliga a mirar tu situación desde otro ángulo. Más en Azar y sentido.